Nuevamente nos vuelve a sorprender Alejandro González Iñárritu con su nuevo largometraje hollywoodense llamado “Digger”, una obra maestra que recae en una parodia dramatizada llena de humor negro que desentraña los entresijos de los grandes petroleros que dominan los océanos y destruyen la naturaleza sin importarles los riesgos, ni las consecuencias, que le puedan ocurrir al medio ambiente y a la humanidad, por su inmensa soberbia y ambición.
En el primer cuadro nos muestran un elenco esterilizado por el gran Tom Cruise, -quien se ha mostrado feliz en este proyecto al lado de uno de los directores de cine más reconocidos de la historia de México- su actuación es fenomenal interpretando a un magnate petrolero estilo “cowboy”; un ranchero texano que aún siendo millonario con su mansión, no deja su texana, sus botas vaqueras y su hebilla de plata, interpretando a un “Old West Gentleman” petrolero.
El trama se sumerge en la historia de una película que no se termina de comprender, hasta que muestran el otro lado de la moneda, una sátira de humor negro que exhibe la irresponsabilidad, el cinismo, la inconciencia y la ambición de las grandes corporaciones petroleras, asociadas y protegidas por el gobierno.
En medio de la catástrofe que se avecina, un iceberg gigantesco desprendido de Groenlandia, se dirige hacia Europa y amenaza con provocar una hecatombe que exterminará miles de vidas humanas.
En medio de las tensiones se reúne el ranchero petrolero con el gabinete de seguridad y con el presidente de Estados Unidos, para analizar la situación y ver cómo lo van a solucionar. Ante un inminente colapso, el secretario de la defensa dice sin titubear -y sin pensar- que deben eliminar el iceberg con bombas atómicas, provocando muecas en los rostros y el rechazo unánime, ya que sería peor el remedio que el mal.
Digger quiere ungirse como el salvador de la humanidad, y comienza a opinar ante un presidente ignorante, incompetente y tibio, que le preocupa más cómo remediar la crisis política y mediática, que la propia amenaza mortal.
En otra escena está Digger en medio de la tribuna de las “Naciones Unidas”, (un auditorio gris, desordenado y caótico, donde no se llega a ningún arreglo) está gritando con su incontinencia verbal, ante un auditorio enardecido que no escucha y tampoco deja hablar, culpando, amenazando y linchando al culpable de la catástrofe, quien a su vez culpa a todos por la tragedia y se deslinda prometiendo al final, salvar a la humanidad.
El teatro de Digger
Dentro del trama caótico, en plena tensión donde el público está inmerso, de repente se escucha “corte” y vemos cámaras y luces en medio un set y la escenografía de un gigantesco teatro, todo ha sido un montaje, Digger no es Digger, todos son actores que parodian una catástrofe ecológica que pasó tiempo atrás, en ese momento se pierde el encanto y el hechizo por los personajes los cuales nos damos cuenta que estamos viendo una auténtica obra griega teatral, una farsa grotesca bufona y absurda, irreverente y provocadora que interpretan sus actores, pareciendo un escenario antiguo, con máscaras y rostros deformados, pálidos mortuorios, con gestos y expresiones exageradas, haciendo burla de la muerte, el peligro y la tragedia, ponderando una falsa justicia con hipocresía y simulación, en una atmósfera de fanfarrones y mezquinos, llenos de sarcasmo y ambición.
Debemos reconocer que el director nos entrega un producto de alta calidad, mejor que la historia y la narra-versatilidad; una escenografía artística, pintoresca y espectacular, un mundo deliberado, exagerado y genial, una producción entre la realidad y la ficción, con un una mirada vil y singular, cerrando el telón mostrando a la sociedad en una apocalíptica realidad.
Pero lo más espectacular y sonoro, es la banda sonora, pomposa y solemne que acompaña la ridiculización de los personajes, burlándose de la actuación y de la representación, volviéndose estridente en los momentos de discusión, y disonante en los momentos de tensión.
Definitivamente esta película no es apta para todo público sino para algunos, considerando la verborrea verbal de sus personajes, los diálogos infecundos y la manifestación de oquedad, provocan el cansancio y el sueño del espectador, ante una batalla de mantener la atención por su densidad, para muchos es imposible desenmarañar o descifrar su profunda complejidad. Ahí radica tanto ataque a su filosofía cine-teatral y a su amorpho guion descomunal.
Pero la película cumple su cometido, porque fue hecha para eso, para no entenderse y crear confusión, ahí radica su encanto y fascinación, porque González Iñárritu lo logró; confundir, polemizar y atrapar al espectador, enganchar y manipular la concientización. Es una obra que despierta la pasión o que oscurece la razón, no está hecha para amar ni para odiar, tampoco para reír o para llorar, está diseñada para polemizar, pero principalmente está filmada para gravarse en la conciencia social, y colocarse en el debate internacional.
Desde este momento auguro que competirá en los Premios Oscar de la próxima edición, no dudo que será por mejor actor, o mejor director, podría también por mejor maquillaje y mejor musicalización, pero dudo que por mejor película o mejor guion, tendrá una dura batalla contra Odiseo de Christopher Nolan en esta edición.
Rafael Medina Martínez
Crítico de cine