Esta es la primera ocasión en que ingresa un director de cine al histórico y emblemático Colegio Nacional que alberga las mentes más brillantes y destacadas de este país.
Entre los miembros que han pertenecido a la institución se encuentran: los muralistas Diego Rivera, José Clemente Orozco y Rufino Tamayo, los escritores Carlos Fuentes, Enrique Krauze y Alfonso Reyes, el músico Carlos Chávez, los 3 Premios Nobel mexicanos; Octavio Paz, Alfonso García Robles y Mario Molina entre otros grandes intelectuales y científicos que han dado grandes aportaciones a la humanidad a través de esta institución, por lo que a partir del 26 de mayo pasado una mente privilegiada comenzará a dar sus aportaciones cinematográficas a México y a la humanidad a través de sus conocimientos y experiencia adquirida durante años en el mundo del cine nacional e internacional.
Alejandro González Iñárritu, se presentó acompañado de su familia al recinto histórico ubicado en el centro histórico de la Ciudad de México, su esposa María Eladia su hija del mismo nombre y su hijo Elíseo, acompañaron al cineasta hasta el aula principal donde daría su discurso de ingreso, ante un auditorio lleno de familiares, amigos y grandes figuras, de entre las que destacan el actor Daniel Giménez Cacho, el escritor y guionista Guillermo Arriaga, la periodista Carmen Aristegui, así como de otros directores y actores que lo acompañaban, la revista Alfombra Roja Magazine estuvo presente y aquí les ofrecemos un resumen del prolongado y excelente discurso que ofreció el cineasta a manera de cátedra cinematográfica, en el que rememoró sus vivencias y platicó las anécdotas que vivió durante el rodaje de sus películas premiadas, frente a un auditorio repleto el director comenzó su discurso con las siguientes palabras:
Confieso que durante un par de años me resistí, como gato boca arriba, a la generosa insistencia de Juan Villoro para que aceptara siquiera proponerme como candidato. El motivo de mi resistencia fue la prudencia… Aún hoy, no estoy convencido de poseer los méritos necesarios para ocupar un lugar entre un grupo de mentes tan brillantes como las que tengo delante. No soy, después de todo, un hombre de palabras. Mis argumentos no se conjugan en verbos, sino en imágenes, planos, encuadres y silencios incómodos.
Así que aquí estoy: conmovido, agradecido. Quién pensaría que después de haber sido corrido de tantos colegios en mi vida, me trajeran al Colegio de vuelta… ¡y a esta edad!
Quiero pensar que, al elegirme, más allá del reconocimiento a mi trabajo personal, ustedes han reconocido también un oficio y a una tradición. Una tradición en la que figuran nombres como: Salvador Toscano, Rubén Gámez, Emilio Fernández, Luis Buñuel, Roberto Gavaldón, Fernando de Fuentes, Paul Leduc, Julio Bracho, Arturo Ripstein, Jaime Humberto Hermosillo, Felipe Cazals, Jorge Fons y Eugenio Polgovsky, entre muchos otros, cuyas obras inspiraron, abrieron caminos y marcaron el rumbo que varios de nosotros, Alfonso Cuarón, Guillermo del Toro, Carlos Reygadas, Tatiana Huezo, Lila Avilés, Amata Escalante, Everardo González, Alejandra Márquez, Fernando Eimcke, Michel Franco y muchos mas, incluyendo a todos los jóvenes que merecen una mención aparte y que han dado continuidad a nuestro cine poniéndolo muy en alto.
Si bien el arte griego y romano capturaron la realidad con una belleza y precisión casi sobrehumanas, a pesar de sus geometrías ideales, su imaginario se quedó anclado en el plano de la realidad perceptible, incluso sus dioses y monstruos se encuentran dentro del mundo amplificado o la combinación de cosas reales sin existir una ruptura con la forma natural. En cambio, la cosmovisión indígena del universo, operó en una dimensión radicalmente diferente. Esto no buscaba imitar la realidad, sino codificar lo invisible. La astronomía, el tiempo, la religión, el conocimiento, el hombre, la naturaleza y la mitología en un mismo lenguaje visual, creando entidades que no existen en ningún plano natural, sino en uno puramente conceptual. Donde los griegos perfeccionaron el mundo que tenían enfrente, los mesoamericanos inventaron uno nuevo.
Una figura como coatlicue no se parece a nada observable y es una ecuación cosmólica hecho piedra. México es una potencia visual porque nuestra cultura desde siempre ha convertido la imagen en una forma de explicar al mundo desde los códices prehispánicos capaces de expresar sistemas completos de pensamiento visual y transmitir información política, científica y espiritual hasta las narraciones monumentales del muralismo mexicano del siglo XX, cuyo poder convirtió a México en referente mundial del arte público. Me enorgullece pensar que Rivera, Orozco, Siqueiros y Tamayo fueron pilares fundamentales de este colegio.
El cine con solo 130 años de edad es la más joven de todas las artes, mezclando sin pudor alguno a todas ellas en un exquisito guacamole estético. Solo son 30 años los que llevo dedicándome a él, y cuando he creído entenderlo es precisamente cuando se manifiesta y revela de una manera distinta y me queda claro que aún no he entendido nada.
El cine, como el agua es polimórfico, así como el océano se manifiesta en lluvia, nube, nieve, hielo, río, charco y hasta una taza de té es océano. El cine se manifiesta también en distintas maneras y no puede ser definido ni encerrado en fórmulas o dogmas, esa es su belleza y su misterio.
Lo que sí puedo hacer y lo que me interesa hacer hoy, si mi pequeño kilo doscientos gramos de cerebro me permite, es intentar compartir de una forma sencilla y con humildad un poco de lo experimentado en mi proceso de trabajo.
El estado natural del cine es el de no existir. No existir jamás. Y para prueba basta echar un ojo al inconmensurable cementerio de guiones en desarrollo. Infinitos archivos llenos de desesperación que yacen en los estudios de cine…
La literatura y el cine comparten una misma misión, contar historias que ocurren en el tiempo. Ambas construyen personajes, mundos, principios y finales, pero su diferencia radical descansa en una sola palabra: interioridad. El medio de la literatura es el lenguaje y el lenguaje está hecho de la misma materia que el pensamiento. Es pensamiento describiendo pensamiento, como un espejo que se mira a sí mismo y de algún modo no explota. En cambio, el cine es la encarnación y materialización de ese pensamiento.
El cine es arte y circo, es puta y poeta, y de ahí reside lo fascinante y trágico de su naturaleza, no importa su tamaño o ambición, necesita dinero y mucho, no hay películas chicas, todas son una batalla, como cuando se construye una casa chica o grande. No hay presupuesto que alcance y el tiempo será insuficiente. Hacer una película requiere de un enorme acto de voluntad. Es alinear todas las fuerzas divergentes en fricción y las infinitas variantes del caos, el azar, la obsesión y la locura. Es domesticar un huracán para que actúe frente a una cámara…
El Renacido antes de hacerse, se cayó dos veces durante un periodo de desarrollo de 6 años. Fueron 2 años sólo en la búsqueda de locaciones, a pesar de ya haber ganado reconocidos premios y varias nominaciones al Óscar, nadie creía, por ejemplo, en Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia, tardé 3 años estirando el sombrero y finalmente pude engañar a un par de inocentes que creyeron que finalmente yo, un director tan dramático, era capaz de dirigir una comedia. Finalmente pude conseguir un mínimo de dinero y prácticamente sin sueldo ni yo ni los actores, todos convencidos de que valía la pena hacerla y arriesgar nuestro trabajo, pudimos junto con el Chivo Lubezki filmar la película en un tiempo récord de sólo 19 días…
Seas quien seas, lograr financiamiento y luz verde para una película es difícil. También es muy difícil rodarla, pero lo más difícil de todo es que la película sea buena. Uno pone la vida y el corazón en ello, pero el resultado está fuera de nuestras manos. No hay recetas, fórmulas, ni garantías. Trabajes con quien trabajes o cualquiera que sean tus intenciones, experiencia o maestría, una buena película es un verdadero milagro…
Así como nuestro lenguaje existen 27 letras y 100,000 palabras a nuestra disposición para construir y comunicar un pensamiento o sentimiento, los rudimentos del lenguaje dentro del cine están también disponibles para todos. Y como en la literatura sólo quien los entiende y domina mejor podrá comunicar más claramente una idea o un sentimiento…
Cuando me preguntan, ¿por qué hago cine? No tengo epifanía como muchos directores, siempre hay una cámara que le regaló un tío o alguna cosa. Yo no, yo solamente tengo sospechas. Nací en la colonia Narvarte en la calle Uxmal 31. Durante toda mi infancia, cada domingo fui a misa en la Iglesia de la Piedad, en la calle de Obrero Mundial, sentado en los zapatos de mi padre, Héctor González Gama, y mi madre, observaba atónito durante esa hora y media que duraba la misa, un mural del Charro Medina, las imponentes imágenes representaban el Apocalipsis y la venida del Señor con sus caballos y unas manos gigantes de Dios, dejando caer al vacío los cuerpos de cientos de seres humanos incendiados, mientras al estilo del jardín de las delicias del Bosco se comían y descuartizaban unos a otros.
En el altar una escultura gigante de la piedad, la madre de Dios cargando el cuerpo flácido de su hijo, torturado y muerto…
Ese mural tan gráfico y narrativo no fue jamás placentero, pero sí definitivo. Sin palabras, sólo con imágenes gigantescas, me hizo sentir cosas inexplicables y contradictorias.
Quiero compartirles unas breves imágenes que filmé precisamente dentro de esta iglesia para mi última película Bardo. Esta escena no sobrevivió en el cuarto de edición, nadie la vio, pero me alegro de haber filmado este mural, pues me da la oportunidad de compartirlo ahora con ustedes. Esta es sin duda alguna la primera película que vi en mi vida en permanencia involuntaria y sin pagar boleto alguno.
En ese momento se proyectan en la pantalla algunas imágenes impresionantes sobre el imponente mural que está en la iglesia y el contraste con la película Bardo. Y enseguida continuó:
Mis padres nos dieron educación y amor ilimitado a mis cuatro hermanos y a mí, pero nunca recursos económicos. Crecí rodeado de carencias, espacio, silencio y limitaciones. Éstas se volvieron el cimiento de mi imaginación. Nunca viajé a ningún lado que no fuera Cuernavaca o en raras ocasiones Acapulco. Subí a un avión por primera vez a los 17 años. Mientras mis amigos viajaban al extranjero, yo sólo imaginaba. El cine, la música y la literatura fueron mis únicos vínculos. Jamás olvidaré mi primer viaje por el “Aleph” borgiano o el vuelo infinito sobre el lado oscuro de la luna de Pink Floyd. En el colegio no entendía nada, fue en la cineteca nacional donde por primera vez sentí que entendía absolutamente todo y ahí donde se proyectaban las realidades de otros, supe que pertenecían sin saber cómo ni por qué.
La luz de la pantalla no solo refleja un mundo, ésta nos asalta y nos impone uno. La luz reflejada nos hace testigos. La luz proyectada nos convierte en receptores casi impacientes. Voluntariamente sentados en un cuarto oscuro como en una celda de aislamiento sensorial, dejamos que una serie de fotones organizados reescriban nuestro sistema nervioso. Y si esa luz es hermosa, quizá para toda la vida cargaremos residuos emocionales de esa luz organizada. Una luz que ha enriquecido y ha expandido nuestra experiencia humana al habernos permitido ser otra persona por un par de horas, vivir experiencias que no hemos vivido y llorar por gente que nunca hemos conocido y que jamás ha existido. Ir al cine es pagar para que nos mientan. Toda película es una mentira luminosa. Es soñar con los ojos abiertos el sueño de otro…
Hablando de la luz, como ejemplo, quisiera mostrarles un pequeño fragmento dentro de “Bardo, Falsa crónica de unas cuantas verdades”, donde la luz se transforma en un elemento simbólico para lograr este efecto emocional deseado…
Quise explorar el terror, el terror interior del personaje ante el vértigo de los cientos de miles de desaparecidos en nuestro país:
¡QUE PUTA TRAGEDIA!
Ese terror es el mío. Es el terror de todos los que amamos a este país.
Las sombras son aquí la verdadera premonición, éstos muros han sido testigos de 500 años de violencia, de mucha sangre y dolor que han derramado sobre ellos…
(Aquí el cineasta hace una pausa larga en un sollozo muy doloroso y sentimental como un profundo homenaje con el llanto y el dolor de las víctimas, derramando lágrimas de indignación e impotencia por la tragedia que vive nuestro país).
(Se disculpa y todo el auditorio estalla en aplausos de solidaridad y dolor, por el orador que transmite un profundo mensaje de indignación a la nación):
“Disculpen… En fin, no pensaba llorar…
Y continúo su mensaje ante un auditorio conmovido y emocionado por la cátedra del cinéfilo quien pasó a otra escena de su película BARDO en la pantalla del auditorio, donde mostró la montaña de cadáveres apilados en el zócalo frente a Palacio Nacional como una representación bajo protesta por todos los desaparecidos del país, teniendo como telón de fondo la majestuosa Catedral Metropolitana con la declamación del poema “Petrificada Petrificante” de Octavio Paz en boca del conquistador Hernán Cortes que está encima del volcán cadavérico simulando la noche negra de la caída de Tenochtitlán.
Y entre otras cosas continuó: “El cine es equivalente a ver el mundo a través de una cerradura. Elegimos un sólo fragmento del universo. El encuadre es uno de los gestos más radicales en el cine y uno de los menos analizados…
Y de hecho hoy en día a través de ese encuadre o marco vertical de nuestro teléfono celular todos experimentamos a diario ese fenómeno que por un lado nos revela el mundo al mismo tiempo que nos lo oculta. Nunca antes ese marco había sido tan pequeño, tan veloz y llevado tan pegado al cuerpo y a centímetros de nuestro corazón. Este marco no sólo reprime, sino también produce realidades. Nunca antes, en la historia del pensamiento humano, un rectángulo tan pequeño había convencido a tanta gente de que lo que no cabe en él, no es real…
Continuó su discurso y mostró algunas escenas de la película 21 Gramos, precisamente cuando el actor Benicio del Toro atropelló y mató con su camioneta a un padre con sus dos hijas cuando cruzaban la calle.
Quisiera hablar ahora del tiempo. El tiempo tiene un flujo exterior, pero también un flujo interior. Y este es precisamente el tiempo narrativo, el tiempo percibido o psicológico del cine.
En la exploración radical del tiempo fracturado, “21 Gramos” es, sin duda alguna, la película más arriesgada y radical que hicimos juntos. En esta película todas y cada una de las escenas están fuera del orden temporal. Todas. Brincamos del futuro al pasado y al presente sin avisar, basados en una verdad emocional y no en una verdad temporal.
Vemos muchas veces las consecuencias de un evento antes que sus causas y todas estas elecciones temporales ayudan a ver mejor los estados emocionales internos de los personajes. La estructura imita cómo las personas experimentan los traumas. Estos traumas durante todo el espacio narrativo se sienten inconexos, repetitivos, rotos, intensos…
Un matrimonio de 40 años puede durar 3 minutos en cuatro planos o una taza de café y un cigarrillo encendido duran 18 minutos o pasan 5,000 años y el mismo Big Bang en solo 2 horas. El cine es un ladrón del tiempo que nos arrebata nuestra sensación natural, reemplazándola con una duración artificial y sólo nos la regresa cuando aparecen los créditos y salimos de la sala atolondrados como quien abandona un salón de operaciones…
El cine no inventó la edición, más bien descubrió que esa es la verdadera morfología de nuestro pensamiento. Nuestra vida es como un plano secuencia en tiempo real. Estamos atrapados en un espacio y tiempo continuos, con la cámara de nuestros ojos encendida, sin poder desplazarnos en el tiempo y en el espacio como quisiéramos. Sin embargo, percibimos nuestra vida como una compilación tejida por la memoria y la atención. Por eso somos tan adictos a la liberación sensorial de tiempo y espacio que nos concede el cine…
Después pasó a explicar cómo creó Birdman:
Algo también curioso que comparto es que van a ver que en Times Square es prácticamente imposible filmar. Hay millones, como el zócalo de aquí, no teníamos dinero para cerrarlo ni pagar extras, sólo teníamos 30 extras, tuvimos que filmar la película en 19 días, y un día íbamos Chivo Lubezki y yo caminando a desayunar y vimos una banda militar de puros chicos afroamericanos tocando sensacionales, se juntaba la gente como abejas, no sabíamos cómo controlar a la gente cuando vieran a Michael Keaton en calzones corriendo en la calle, y dije esto va a ser una locura. Y se me ocurrió viendo a estos chicos, contratarlos y ponerlos en el centro de Times Square.
Y efectivamente fue una cosa increíble que funcionó. Empezaron a tocar, la gente empezó a amontonarse, a verlos porque eran espectaculares. Acción, y Michael Keaton corriendo en
Calzones (por times Square) y todo el mundo está viendo a los chicos y nadie vio a Michael Keaton más que algunos y fue un milagro.
Bueno, veamos esto:
(Enseguida el cineasta mostró las escenas donde Michel Keaton el actor de Birdman, está en la parte trasera del teatro con bata de dormir, y sale a fumarse un cigarro, y se le cierra la puerta atorando su bata, éste no la puede destrabar, y opta por quitársela y se queda en calzones, sin más remedio camina para rodear el teatro, cruza Times Square en Nueva York semidesnudo, en medio de la banda de tambores, hasta llegar a la puerta principal del teatro en el que ingresa en paños menores, bajo la mirada atónita de todo el público).
Yo he filmado solo ocho películas en mi vida. Dos películas en México, dos en Estados Unidos, dos en Europa, una en Canadá y otras en tres países, en Marruecos, en México y en Japón. Es interesante y también un reto aprender y adaptarse a trabajar con equipos enteros de otras culturas, lenguajes y formas. Hace sólo unos años, durante una entrevista, descubrí que mis primeras cuatro películas las filmé cronológicamente en los países donde había viajado en esos años en la adolescencia y que tanto me habían impactado. Todo esto de una manera inconsciente, obviamente, y es prueba irrefutable de que el inconsciente es el arquetipo, el arquitecto silencioso de nuestras vidas…
Yo no veo nunca más mis películas porque aparte de la nostalgia que disparan, lo que más me impacta es que son un mapa de la impermanencia, un testimonio de quien yo era y ya no soy. Como cuando miramos una foto de nuestra infancia, somos testigos únicos de alguien que desapareció sin morir todavía. Intentamos reconocernos en ese espejo que ya no existe…
Emigrar es morir un poco, y María Heladia mi esposa, así como mi hija Marielia y
y nuestro hijo Eliseo, durante los últimos 25 años hemos estado volando con nuestras raíces al aire. Esta experiencia, por un lado, ha sido un privilegio y una oportunidad, pero sin duda alguna también un gran reto. Emigrar es la pérdida inevitable de los afectos a través de la distancia…
La familia misma es nuestro único suelo ahora para nosotros disponible, nuestros hijos han sido el
refugio de nosotros y ellos son semillas que elegirán su cultivo y aquí estamos juntos. Lo extraordinario es que como los árboles, a pesar de tener sus raíces al aire, al desterrarlos, nuestras raíces siguen creciendo y éstas se hacen complejas y resilientes. Sus ramas siguen buscando la luz, pero necesitan tierra que la reciba. Así es que les digo que recibirme hoy como miembro de esta honorable institución mexicana, reafirma en mí y en mi familia el llamado sentido de pertenencia. Puedo decir que entre más lejos y fuera estamos, más mexicanos nos hacemos. A estas alturas de mi vida y carrera estoy convencido de que las raíces no limitan al árbol, sino le permiten crecer. El cruzar y trascender fronteras no elimina el origen, sino lo amplifica, elevando su eco del humano y universal.
Ésta nos regala una perspectiva donde podemos mirarnos y reconocernos más allá de cualquier reducción nacionalista. Toda obra nace de una geografía interior, pues como decía Rielque, nuestra verdadera patria es la infancia. La mañana que mi padre cumplió 64 años, que yo cumpliría en 2 años, recuerdo que muy impresionado mi padre me miró a los ojos y me dijo, "Hoy soy ya más viejo que mi padre." Su padre había muerto a los 63 años cuando mi papá tenía sólo 28 años. y le impresionaba de sobre manera como él ese día era ya más grande que su querido viejo. Mi padre falleció a los 84 años y hasta sus últimos días recordaba a su padre con lágrimas en los ojos pensando en aquel muchacho joven de 63 años...
Yo nunca he sido muy reflexivo ni he puesto nada de memorias porque no tengo tiempo y es difícil, es difícil explicar eso. Sin miedo, pero se me vinieron muchas cosas. Me di cuenta también del espejo temático que existe entre “Bardo” y “Beautiful”. En aquel entonces, cuando escribí Beautiful, mi padre batallaba con un cáncer de próstata y su inminente deterioro invadió mi pensamiento, mi imaginación y, sobre todo, mi miedo.
Como hijo me pregunté, ¿a dónde iría mi padre si este se me iba? En Bardo, cruzando los 60 años me pregunté a dónde irían mis hijos a mi partida. ¿A dónde había ido Luciano, nuestro hijo que falleció recién nacido? ¿Y por qué no había querido hacer el viaje de la vida junto a nosotros?
En Beautiful llevábamos sólo 7 años fuera de México…
Al fin y al cabo, todos somos migrantes, migramos a la muerte y esta no exige pasaporte y ahí todos somos iguales, afortunadamente…
(Posteriormente el cineasta pasó algunas escenas de Amores Perros, la parte más impactante cuando el actor Gael García chocó en el auto en las calles de la colonia Condesa y explicó detalladamente cómo fueron las escenas y los errores que cometieron al hacerlo en pleno día al rededor de decenas de espectadores expuestos a un accidente por el impacto tan atroz de los dos vehículos).
Enseguida pasó a Revenant:
Les quiero mostrar este pequeño extracto de Revenant que es muy silencioso, pero muestra lo que es el diseño de sonido de Martín y un gran equipo, la música de Ryuchi en un momento muy íntimo. En esta inmensidad, en esta película que no fue una película, fue una expedición. Hubo momentos que éramos 800 personas abajo de las rocosas de Cálgary al norte de Canadá, con caballos que tenían que tener tapetes en las patas para no se les congelaran. Era algo muy interesante ver todo esto para tener a Leonardo DiCapeo adentro de un caballo saliendo. Pero, ¿cómo el sonido puede hacer pequeñas cosas abstractas? Esto me parece que es la unión del sonido de Ryuchi en su música y en su abstracción. Vamos a ver este pequeño extracto de Revenant:
Esas eran las condiciones que estábamos todos ahí, la luz, el derretimiento, el frío, pero eran condiciones de una belleza y un fin…
Me gustaría finalizar con dos elementos sumamente importantes en el cine, los actores y el guion…
Pero es importante saber que no hay película que sobreviva un mal guion.
Un mal guion no hay forma de salvarlo. Una película será una mala película con un mal guion.
De la misma manera que no hay película que sobrevivirá un mal casting. Por ejemplo, si un actor o actriz actúan mal, no es culpa de ellos, es responsabilidad absoluta del director, quien hizo una mala elección o no supo dirigir y llevarlos a donde ellos podían. Si una película no funciona, no es culpa del guionista. Es el director quien eligió un mal guion o no supo materializar, interpretar o trascender un buen guion en su mano.
Curiosa y paradójicamente, las películas más difíciles de hacer no son las de un mal guion, son las que están basadas en un guion extraordinario o una gran novela, un guion como el de Arriaga, expone sin piedad a quien no sabe habitarlo. No hay nada más doloroso, insoportable, siempre he dicho, que un mal Shakespeare. Eso es insoportable, por ejemplo, el guion es la semilla, no el árbol, esencial, pero incompleto. Un guion sugiere un mundo, pero una película tiene que encarnarlo y esto solo emerge con la luz, con el tiempo, el espacio y los actores y las cosas que hemos visto. El cine empieza cuando las palabras ya no son suficientes y son los rostros, los gestos y los silencios los que comunican. O sea, no se puede reducir al cine a la literatura o no se puede a la literatura encerrarla dentro del marco del cine.
Es divertido ver a personas que por primera vez visitan un set de filmación y es imposible en medio de ese caos adivinar quién hace qué y por qué. Lo que sí es muy fácil es ver el descomunal trabajo manual que existe dentro de un set. Todos tienen un trabajo muy concreto. El guionista escribe, los actores actúan, el fotógrafo opera cámara, los vestuaristas visten y los efectos especiales y cada departamento prepara y ejecuta su oficio, y entonces se hace evidente que el director es la única persona que no hace absolutamente nada.
Y siempre me da mucha pena cuando hay visitas que la gente queda viendo y me dice, "Oye, ¿y tú qué haces?" Si no sé qué decirles porque es una sensación equivalente a la que describía el director de orquesta Leonard Berstein, que de la extraña magia y el ridículo de pararse frente a una orquesta con un palito en la mano, y un palito que además no hace ruido. Y en un set lo único aparente y concreto que hacemos los directores de cine es decir “acción y corte”. Y eso no parece muy difícil y la verdad es que no es muy difícil. Si dices acción algo va a suceder. Es muy difícil explicarlo, pero nuestro trabajo consiste en mirar y escuchar muy atentamente, cuidadosamente también cada uno de los detalles que suceden entre esas dos palabras. Es crear el espacio y dar seguridad y confianza a los actores para sentirse seguros y sin miedo a fallar.
Decía Orson Wales que una película se hace tres veces, cuando se escribe, cuando se filma y cuando se edita. Yo diría cinco veces, porque también cuando se diseña el sonido y cuando se musicaliza…
Los actores como los cantantes frente a un auditorio entregan su alma, y su vulnerabilidad frente a las cámaras es un acto de autorrevelación y son sus rostros, nuestro espejo y la representación más profunda de nuestra sensación de estar vivos...
Carl Ryer dijo que el rostro humano es el paisaje más interesante del mundo y no pudiera estar más de acuerdo. Finalmente, quiero decir que hacer una película, es un viaje que se hace con el cuerpo, no con la cabeza, empieza como sueño y termina siendo carne. Lugares que nunca verías en una cámara, gente que no conocería sin una historia, experiencias que te transforman o te destruyen, a veces ambas en el mismo día. Es hermoso, agotador y está minado de egos, retos, fricciones y la ocasional revelación incómoda de tus propios límites. En otras palabras, es vida. Nadie llega aquí solo. Detrás de cada película que he hecho hay una deuda impagable con maestros, mentores, amigos, colaboradores y actores que hacen milagros frente a tus ojos. Mi deuda y agradecimiento más grande es con mi familia aquí presente. Este viaje lo hemos hecho juntos…
Quisiera terminar con una pregunta incómoda y necesaria: ¿Qué es una imagen generada por la inteligencia artificial? Si no hubo nadie que mirara ni nada ni nadie que fuera observado, entonces,
¿qué es eso? ¿Qué queda? El arte no es el resultado, es la transmisión de una experiencia humana a otra. Una película es el viaje, no es el resultado. Si un chico hace una película en dos días, ¿qué le queda? ¿Cuál fue el viaje interno y cuál fue el aprendizaje? Por más hermosa que sea. Y si alguien ve esa película, sabrá que ese alguien detrás no tuvo nada más que ver, más que apretar…
La inteligencia artificial puede hacer y hará pirotecnias visuales de primer nivel. Apenas estamos empezando a ver lo que es capaz. Pero detrás no hubo nadie que amara, nadie que sufriera, nadie que tuviera hijos, afectos, pérdidas, ni se equivocara jamás. Es para mí la belleza de un vacío aterrador, la ilustración de la banalidad muy representativa de una sociedad que apenas logramos ver la naturaleza como un mero recurso natural y al ser humano como un recurso de capital inferior y reemplazable. ¿Qué soledad tan perfectamente producida? Así es que deseo que los jóvenes se den cuenta que es su cuerpo con el que puede navegar y gozar y entender y crecer.
Así que digo que sigamos humanos haciendo cine, con humanos, para humanos.
Gracias a todos.